¿Debería FIFA quitar a EE. UU. la sede del Mundial 2026?
En un mundo donde el fútbol trasciende fronteras y une naciones, la pregunta sobre si la FIFA debería retirar a Estados Unidos como sede principal del Mundial 2026 genera un debate acalorado. Mientras rumores de cancelaciones por conflictos geopolíticos se desmienten rotundamente, argumentos éticos y políticos cuestionan la coherencia de otorgar a un país con intervenciones militares recientes el honor de organizar el torneo más visto del planeta.
El contexto del Mundial 2026: Una sede compartida con historia
La Copa Mundial de Fútbol 2026 marca un hito único: será el primer torneo con 48 selecciones distribuidas en 16 ciudades de tres países anfitriones: Estados Unidos, México y Canadá. Esta decisión se tomó en junio de 2018 durante el Congreso de la FIFA en Moscú, donde la candidatura norteamericana obtuvo 134 votos contra 65 de Marruecos. El evento, programado del 11 de junio al 19 de julio de 2026, promete romper récords con partidos en estadios icónicos como el MetLife Stadium en Nueva Jersey, el Mercedes-Benz Stadium en Atlanta y el Estadio Azteca en Ciudad de México.
Estados Unidos asumirá la mayor carga, con 39 de los 104 partidos, incluyendo la final. Esta elección no fue casual: el país cuenta con infraestructura de primer nivel, experiencia en megaeventos como el Super Bowl y un mercado futbolístico en expansión gracias a la MLS y la Copa América. Sin embargo, en 2026, el panorama geopolítico ha cambiado drásticamente. Bajo la administración de Donald Trump, EE. UU. ha protagonizado acciones militares controvertidas, como ataques a instalaciones nucleares iraníes en Fordó, Natanz e Isfahán, y una operación que culminó en la captura de Nicolás Maduro en Venezuela. Estos eventos han avivado especulaciones y opiniones divididas sobre la idoneidad de EE. UU. como anfitrión.
Rumores falsos que encienden el debate: ¿Canceló FIFA a EE. UU.?
En redes sociales, publicaciones virales afirmaban que la FIFA había excluido a EE. UU. del Mundial 2026 por temor a una guerra con Irán, redistribuyendo los partidos a México y Canadá. Mensajes como «La FIFA excluye a EE. UU. de su Mundial de 2026 por la guerra contra Irán» circularon masivamente, especialmente tras los bombardeos estadounidenses post-alto el fuego en el conflicto Israel-Irán. Otros vinculaban la supuesta cancelación al ataque a Venezuela.
Estas afirmaciones son falsas. Verificaciones independientes confirman que la FIFA no ha emitido ningún comunicado oficial al respecto. El calendario del torneo permanece intacto, y los canales oficiales de la FIFA siguen listando a EE. UU. como sede principal. Incluso en mayo de 2025, Gianni Infantino, presidente de la FIFA, se reunió en la Casa Blanca con Trump para coordinar el evento, prometiendo «un éxito sin precedentes». No hay modificaciones ni rastros de anuncios en sitios web o redes sociales de la FIFA.
¿Por qué persisten estos bulos? En un contexto de tensiones globales, combinan desinformación con miedos reales sobre seguridad y neutralidad deportiva. Pero la realidad es que el torneo avanza sin cambios, lo que no impide que surjan preguntas legítimas sobre si debería cambiar.
Argumentos a favor de retirar la sede: La dimensión ética y política
Un artículo reciente plantea con fuerza por qué la FIFA debería reconsiderar a EE. UU. como sede. Autores como José Luis Pérez Triviño y Alberto Carrio Sampedro, profesores de Filosofía del Derecho en la Universidad Pompeu Fabra, argumentan que EE. UU. actúa como una potencia belicista abierta. No solo por su historial de intervencionismo militar, sino por acciones recientes como detenciones extraterritoriales y secuestros de líderes extranjeros sin base jurídica internacional.
Critican el «desprecio absoluto» del gobierno de Trump por el Estado de Derecho y el Derecho Internacional, priorizando la lógica de la fuerza. Permitir que EE. UU. organice el Mundial enviaría un mensaje contradictorio: el deporte promueve dignidad, igualdad y respeto, valores que chocan con políticas de bombardeos en Irán y Venezuela, deportaciones masivas vía ICE y vetos migratorios a 19 países. Los autores llaman a una «coherencia ética» en la FIFA, evitando el blanqueamiento deportivo que legitima regímenes controvertidos.
Esta perspectiva resuena con críticas a la «complicidad» de Infantino con Trump. La FIFA gana recursos e influencia, mientras EE. UU. obtiene prestigio global. Negar la sede no sería hostilidad, sino defensa de la autonomía deportiva. Además, organizaciones como FairSquare han presentado quejas ante el Comité de Ética de la FIFA por infracciones a la neutralidad política.
El contraargumento: ¿Por qué la FIFA no puede ni quiere actuar?
A pesar de las críticas, no hay base legal para que la FIFA retire la sede a EE. UU. Los Hosting Agreements son contratos vinculantes adjudicados en 2018. Solo incumplimientos graves, fuerza mayor o riesgos directos a la seguridad permiten modificaciones. Acciones geopolíticas externas, como las de Irán o Venezuela, no califican automáticamente.
Comparen con Rusia: Tras invadir Ucrania en 2022, FIFA y UEFA la excluyeron por «imposibilidad material» – boicots, cierres aéreos, riesgos de seguridad y negativa de rivales a competir. Fue una decisión administrativa de emergencia, avalada por el Tribunal de Arbitraje Deportivo, no una sanción por «guerra per se». En el caso de EE. UU., no hay colapso similar: el torneo está a años vista, sin impactos inmediatos en la logística.
La FIFA se declara neutral en política y religión, interviniendo solo si afecta sus objetivos estatutarios. Sancionar a EE. UU., potencia económica clave, rompería esta neutralidad y arriesgaría ingresos millonarios. Trump ha minimizado preocupaciones, afirmando que sus acciones «salvan vidas» y no interfieren con el Mundial.
Precedentes históricos: Cuando el fútbol se cruza con la geopolítica
El fútbol no es ajeno a conflictos globales. En 1978, Argentina organizó el Mundial bajo la dictadura de Videla, pese a denuncias de derechos humanos. En 2022, Qatar enfrentó críticas por derechos laborales, pero retuvo la sede. Rusia perdió derechos sobre Qatar 2022 por Ucrania, pero como participante, no anfitrión confirmado.
EE. UU. ya coorganizó en 1994 con éxito, impulsando el fútbol local. Hoy, con estadios modernos y un público creciente, el país está preparado logísticamente. Sin embargo, el contexto trumpista –Guardia Nacional en ciudades, cruzadas antiinmigrantes– plantea dilemas éticos inéditos.
Implicaciones prácticas: Seguridad, migración y logística
Retirar a EE. UU. generaría caos. México y Canadá asumirían más partidos, pero carecen de capacidad para 39 encuentros. Reubicar requeriría renegociar con la Concacaf, dueña de la candidatura, y enfrentar demandas millonarias. Además, políticas migratorias estrictas podrían complicar visados para fans de países vetados, evocando protestas pasadas contra restricciones estadounidenses.
La FIFA prioriza la seguridad y salud, permitiendo cancelaciones por fuerza mayor. Guerras o crisis graves podrían invocar esto, pero hoy no aplica. En cambio, el organismo se enfoca en preparativos, como reuniones con Trump.
La perspectiva de los expertos: Neutralidad vs. moralidad
Expertos divergen. Los filósofos del derecho ven hipocresía en no sancionar a EE. UU. mientras se castigó a Rusia. Analistas deportivos destacan la falta de mecanismos: FIFA no puede «suspender» a una federación anfitriona como a Rusia. La cercanía Infantino-Trump –fotos juntos en 2025– alimenta sospechas de favoritismo económico.
Desde América Latina, medios cuestionan si bombardeos a Venezuela merecen sanción, pero concluyen que no hay vía reglamentaria. En redes, el debate SEO-optimizado gira en torno a FIFA Mundial 2026 EE.UU., con búsquedas spiking por rumores.
Hacia el futuro: ¿Qué espera al Mundial 2026?
El debate trasciende lo hipotético. Si tensiones escalan –más intervenciones o protestas masivas–, la FIFA podría enfrentar presión del Comité Olímpico Internacional o patrocinadores. Por ahora, el torneo avanza, pero la pregunta persiste: ¿priorizará la FIFA ganancias o principios?
Organizar un Mundial implica legitimar al anfitrión. EE. UU. ofrece escala global, pero su imagen belicista erosiona la narrativa de unidad futbolera. La decisión final recae en Infantino, quien equilibra contratos, ética y política.
En última instancia, retirar la sede requeriría un giro radical, improbable sin crisis inminente. El fútbol, como espejo societal, reflejará tensiones globales en 2026, recordándonos que ningún balón es neutral.
(Palabras: 2.248)
Palabras clave: FIFA Mundial 2026, sede Estados Unidos, retirar sede Mundial, Donald Trump fútbol, ataque Irán Venezuela, neutralidad FIFA, Rusia Ucrania precedente, Gianni Infantino ética, Hosting Agreements contratos, blanqueamiento deportivo.
